La contaminación acústica causa síntomas de estrés postraumático en las aves

El primer estudio que evalúa las relaciones entre el ruido, las hormonas del estrés y el estado físico de los animales, publicado en PNAS, concluye que la contaminación acústica genera estrés a las aves. Las que se exponen al ruido constante de los compresores de gas natural muestran síntomas notablemente similares a los de los humanos que sufren de trastorno de estrés postraumático. Según los investigadores, del Museo de Historia Natural de Florida (EE.UU.), adultos y polluelos de tres especies mostraban signos múltiples de estrés crónico causado por la contaminación acústica, incluidos niveles asimétricos de la hormona del estrés, posiblemente por un aumento de la ansiedad, la distracción e hipervigilancia.
La explicación podría ser que el ruido constante actúe como una especie de manta acústica, amortiguando las señales de audio de las aves para detectar predadores, competidores y a sus propias especies, apuntan. Y en esta situación, siendo incapaces de discernir si su entorno es seguro, las madres deben elegir entre permanecer en guardia en el nido y encontrar comida para sus crías, y quizá por ello, los polluelos en los ambientes más ruidosos tienen un cuerpo más pequeño y un menor desarrollo de plumas, lo que podía disminuir sus probabilidades de sobrevivir. Las tasas de eclosión en los azulillos de garganta azul (Sialia mexicana), la especie más tolerante al ruido estudiada, disminuyeron en respuesta al ruido.

10 decibelios más, 90% menos de audición
El equipo de investigación instaló 240 cajas de anidación escalonadas a distancias precisas de los compresores de gas. El equipo evaluó los niveles de la hormona del estrés corticosterona en tres especies: azulillo de garganta azul, azulillo de la montaña y copetón cenizo. Con la expectativa de que los niveles de corticosterona fueran altos, los científicos encontraron lo contrario: mientras más fuerte es el ruido de los compresores de gas, menores son los niveles de corticosterona basales de las aves. Esto puede ser un signo de que el estrés es tan intenso que el cuerpo ha marcado los niveles iniciales de la hormona como medio de autoprotección.
Al evaluar la respuesta de los polluelos a una amenaza repentina, los investigadores descubrieron que la corticosterona de las aves se disparó de forma vertiginosa en comparación con los niveles típicos de alto estrés y tardó en volver a los niveles iniciales. Los niveles de ruido en los campos de gas natural no son inusualmente altos en comparación con el ruido producido por el hombre en muchas otras partes del país, lo que tiene implicaciones importantes para proteger la vida silvestre y posiblemente la salud humana, según los investigadores. Un aumento de 10 decibelios en el ruido por encima de los niveles naturales puede reducir el área de audición de los animales en un 90%, calculan. En Estados Unidos, la cantidad de área terrestre caracterizada por este aumento moderado de ruido se estima en 780.960 kilómetros cuadrados, más que el tamaño de Texas.
Un estudio publicado el pasado agosto, podría explicar por qué durante las dos últimas décadas, los científicos han documentado un descenso gradual de la frecuencia en las llamadas entre ballenas azules, y también, la razón por la que en los últimos años se ha registrado que un tipo de ballena del Pacífico Norte ha perdido armónicos en su canto: las ballenas pueden estar emitiendo sus cantos de una manera muy diferente de lo que se pensaba anteriormente, y es posible que los estén modulando en respuesta a un aumento en el ruido generado por el ser humano.

Fuente:noticias-ambientales-internacionales

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